lunes, 13 de octubre de 2008

Adaptaciones, contextos y verdades

Toda expresión artística y cultural, no puede comprenderse sin tener en cuenta el contexto histórico en que se enmarca. Es por eso, que la obra “No Habrá Más Penas Ni Olvidos” de Osvaldo Soriano, puede considerarse un claro y concreto relato de época, en el cual se muestra que estaba sucediendo por aquellos no tan lejanos días en nuestro país.
Pese a haber sido publicado en Argentina recién en el año ’83, fue escrita en 1974 durante el último gobierno del General Juan Domingo Perón. Y en “No Habrá Más Penas…” puede evidenciarse la postura tomada por Soriano, su visión de los hechos que acontecían en el marco político en que estaba viviendo. Para explicar esto, debemos remontarnos a aquellos días, cuando el Peronismo se encontraba fraccionado en dos vertientes muy distintas entre si. La clásica dicotomía Izquierda- Derecha, también estaba expresada dentro de este movimiento político. Los jóvenes, los montoneros, a la izquierda. Los más tradicionales, los sindicalistas, a la derecha.
Ambas posturas tenían un punto en común. Creían que era necesaria la vuelta de Perón para que la situación de violencia terminara, para llegar así a la idea de país que cada uno tenía. Porque lo que diferenciaba a la juventud de los sindicalistas, era justamente eso, el modelo de país al que aspiraban. Por un lado, la derecha, que se proclamaba en pos de un gobierno Nacional y Ortodoxo, la izquierda en cambio, quería una Argentina Socialista y Latinoamericanista. La juventud estaba inmersa en un mundo en el que las corrientes revolucionarias socialistas-comunistas estaban expresándose, la revolución cubana había marcado un impacto en la vida de todos. Por eso creían que el Peronismo, cuyos gobiernos habían dado derechos a los trabajadores y beneficiado a las clases más bajas, era el camino a la Patria Socialista que anhelaban. Claro está, que la rama sindicalista, se oponía a esta idea. Como se expresa en el libro “Ezeiza”, de Horacio Verbitsky, “durante 15 años, Estados Unidos había dedicado recursos y esfuerzos a la capacitación de los dirigentes sindicales peronistas, con los cursos y becas del Instituto para el Desarrollo del Sindicalismo Libre, dirigido por la AFL-CIO y financiado por la AID con fondos de la CIA”. Evidentemente, los intereses de ambas corrientes se oponían en la ideología que debía acompañar al peronismo.
La antes mencionada oposición, se expresó en nuestro país, en los múltiples enfrentamientos entre Montoneros y la rama Sindicalista. En “No Habrá Más Penas Ni Olvidos” se cuenta eso, la pelea entre ambos bandos. Un delegado municipal, que por haber recibido la ayuda de la Juventud Peronista en actividades simples como pintar los bancos, es tildado de Marxista, por lo cual se lo acusa de traidor a Perón y se lo intenta destituir de su cargo. En el texto se muestra que en verdad, esto es solo un argumento desde la municipalidad y con el apoyo de la policía, por demostrar quién es más fuerte, por dejar en claro que la juventud son solo un grupo de alborotados y violentos que ocasionaban problemas y destrozaban el pueblo. Se ponen en evidencia, las artimañas que llevan adelante para acusar a la JP de las acciones que ellos mismos realizaban para poder victimizarse y justificar los hechos. Un ejemplo de ello, es cuando el Intendente Guglielmini manda a poner una bomba en la CGT, para inculpar a la JP por ese episodio, y demostrar a la prensa que con los tiroteos solo se estaban defendiendo de los rebeldes. También queda en claro y se reafirma la posición de Perón respecto de la dicotomía presente en el peronismo, desde el gobierno, municipal en este caso. Se buscaba acusar a esos “estúpidos e imberbes” de violentos y traidores y reivindicar a la derecha sindicalista, quienes según Perón actuaron bien durante su ausencia, cuando en verdad habían sido bastante colaboracionistas con los distintos regímenes.
Osvaldo Soriano debió exiliarse en Bélgica durante la última y terrible dictadura militar, y la obra mencionada recién pudo conocerse en nuestro país con el regreso de la democracia y del escritor, en 1983. En ese mismo año puede verse la versión cinematográfica de “No Habrá Más Penas…” dirigida por Héctor Olivera, que ganó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. Si bien esta versión respeta el argumento, los personajes y situaciones de la obra original, hay una diferencia que considero se vincula, justamente y como lo expresaba al comienzo, con el contexto de producción de la misma. Cuando Soriano escribe “No Habrá Más Penas Ni Olvidos”, lo hace en el marco de un gobierno democrático elegido por el pueblo, y dentro de una corriente cultural-política muy fuerte en aquellos días. Cabe destacar que la juventud tenía su fuerte, más allá de los enfrentamientos guerrilleros, en la cultura. La expresión artística, desde la música, la literatura, la pintura, y demás vertientes, era un punto clave de la actividad política, trabajaban con simbolizaciones para constituirse como organización, plasmaban en su obra las hazañas montoneras, las fechas, los mártires por la causa. Construían en la cultura su marca histórica, el espacio donde quedaría para siempre impresa su presencia. La obra de Soriano puede establecerse en esa corriente cultural que no tenia para si misma ningún tipo de limites, pese a que no pudo ser publicada en el momento de su creación. “No Habrá Más Penas…” es un retrato de la época, un documento sino histórico, al menos simbólico de las cosas que pasaban en aquellos días.
La obra cinematográfica, en cambio, se enmarca en la incipiente democracia comenzada en el `83.
Si debo establecer diferencias entre ambas obras, sin tener en cuenta lo que considero pequeñeces, como pueden ser algunas variaciones en personajes o diálogos, entiendo que en la película, se “suaviza” de algún modo la manera en que la derecha sindicalista embauca a la Juventud y a aquellos a quienes por su propia conveniencia, asocia a la izquierda y al comunismo. Esto puede entenderse por lo que antes mencionaba como el contexto de producción en que se encuentra el film. Apenas finalizada la trágica dictadura militar, puede verse como algo lógico que la obra no quiera parecer demasiado tendenciosa hacia la izquierda. Si bien el cine de la época, incluyendo esta película, comenzó a destapar las situaciones conflictivas y cuestionables de la dictadura, a presentar un discurso de denuncia por los derechos humanos, y se había proclamado la prohibición de la censura al séptimo arte, la situación política y la posición de la democracia aun no era para nada estable. Es por este motivo, que entiendo que la película, a pesar de exponer las diferencias ideológicas, y el papel que cada una de las vertientes peronistas jugaban en el momento, no se muestra con tanta determinación la acción de la rama derecha. Esto se ve por ejemplo cuando se muestra el papel de la prensa, indagando, pero no de manera tan intensa como en el libro, y que en el film, no se haga tanta alusión al hecho de que las cosas que se estaban haciendo (poner bombas, dejar morir personas del mismo bando) eran para justificarse frente a los medios. Este tipo de situaciones, solo se mencionan muy levemente, cuando en el libro, se las afirma repetidas veces.
De cualquier manera, la adaptación cinematográfica de Olivera no deja de ser fiel al relato y a la realidad que se buscó exponer y evidenciar en la obra de Soriano.

Lucía Módena